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En un escenario global propicio para la ganadería argentina, el INTA Concepción del Uruguay –Entre Ríos– desarrolló un modelo de engorde intensivo que, basado en la rotación entre parcelas, favorece el bienestar animal y asegura ganancias de peso similares a las de un feedlot convencional. Además, mejora el nivel de fertilidad del suelo y permite la siembra posterior de soja y maíz con aumentos de hasta el 10 % en los rindes.

Conocida como “feedlot ecológico”, esta tecnología fue validada durante ocho años de manera experimental y se encuentra aplicada en campos comerciales de la zona núcleo. Sus características y estrategias de manejo se presentan en el Día de Campo que lleva a cabo el instituto en Concepción del Uruguay los días 11 y 12 de noviembre.

“Si bien esta nominación fue aceptada para facilitar la adopción, el uso del término ecológico no es estrictamente correcto, debido a que tiene un significado preciso asociado con la producción de carne ecológica certificada”, aclaró Sebastián Vittone, especialista en producción animal del INTA Concepción del Uruguay.

No obstante, Vittone explicó que “la concentración de animales en espacios reducidos con encierres precarios y la falta de programas de instalaciones, así como de estrategias de manejo de insumos y efluentes, generan conflictos desde el punto de vista ambiental en cercanías a ciudades, pueblos y rutas y exigen la búsqueda de otras alternativas productivas”.

Este modelo de invernada estima un número máximo de entre 500 y 1.000 animales por unidad productiva con una carga máxima de 100 cabezas por hectárea –equivalente a 80 m2 por bovino en parcelas de 40 individuos–. “La superficie es de 5 a 10 veces mayor de la que puede llegar a tener un feedlot convencional”, comparó Vittone.

El técnico destacó los resultados de los ensayos y dijo “la asignación de mayor superficie por animal en sistemas de engorde bajo condiciones de encierre no provocan alteraciones relacionadas con la contaminación de suelos y aguas circundantes”.

En cuanto al encierre, sugirió rotar a los animales semanalmente en divisiones de cuatro parcelas para facilitar el manejo de efluentes. “Esas condiciones permiten que el animal vuelva a las parcelas con los excrementos secos, atenúan la liberación de olores desagradables y favorecen la distribución del estiércol, debido a que los bovinos se instalan en diferentes lugares del área de encierre”, remarcó Vittone.

El encierre se organiza en potreros con un manejo similar a un pastoreo rotativo en franjas o sistema de pastoreo radial sin calle. Además, requiere caminos accesibles para garantizar el abastecimiento regular de alimento y el tránsito de los animales; utiliza alambrado eléctrico para las divisiones y, según el diseño, incorpora aguadas y comederos móviles.

De acuerdo con el especialista, la provisión de alimentos en tolvas sigue el esquema de “a comedero lleno, grano entero y fibra cero”. De esta forma, “se eliminan las expresiones de dominancia de los más agresivos respecto de los más pasivos cuando se suministra el alimento en pocas tomas diarias, que generan falta de bienestar animal”, apuntó.

Más allá de la categoría de que se trate, consideró la importancia de incorporar animales de no menos de 200 kilos de peso vivo. “La razón de este peso mínimo se relaciona con la forma de ofrecer la ración –a voluntad– en los comederos tolva y con el peso mínimo de faena fijado por disposición nacional”, explicó Vittone.

La ración utilizada está compuesta por un 90 % de maíz y un 10 % de concentrado proteico. “La presencia de grano entero de maíz evita timpanismos y acidosis, ya que no se aporta fibra de ningún tipo durante el engorde –fardo o rollo–“, dijo el técnico, quien además recomendó: “Al igual que en cualquier encierre terminal con granos, es necesario el período de acostumbramiento para aquellos animales que provienen de sistemas pastoriles”.